Cuando cayó la Luna sobre tu morada,
cuando la sangre bañó tus venas,
aún cuando el odio se transformó en amistad
y la lealtad se volvió tristeza.
En esos tiempos y en otros
fuiste la nobleza hecha vida.
Entregas tu corazón
y nada pides a cambio,
buscando un cambio en sombras
tras una sonrisa enfermiza en tu cabeza.
Que tus hachas sean justicia,
legítima heredera.
Que tus garras sean bondad,
princesa del León de Fuego.
Que tu verdad sea el monte
para los portadores del Arriba y del Abajo.
Que tu verdad sea la Luz.
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